Por: Carlos Ferrero
Ex Presidente del Congreso de la República
El 11 de enero pasado dijimos en esta misma tribuna que el próximo gobierno debería tener un Gabinete multipartidario. El 5 de abril también expresamos en El Comercio que el Parlamento solo podrá funcionar si la proporcionalidad se respeta en todos sus órganos. Aquí, y ahora, sostenemos que la indispensable concertación a la que obliga el resultado electoral del 10 de abril debe iniciarse con la discusión y aprobación de la agenda legislativa anual que señala el artículo 29 del reglamento vigente.
Miércoles 13 de Abril del 2011
Porque, apenas se inaugure el Congreso lo que va a ocurrir es que cada grupo partidario va a querer privilegiar la discusión de sus preocupaciones según sus propias prioridades. Unos pedirán tratar modificaciones al sistema tributario, otros la reforma de programas sociales o la designación de comisiones investigadoras, etc., etc.
Sin embargo, como es imposible discutir todo a la vez y tampoco es democrático evadir el debate de una idea aunque parezca minoritaria, la solución es establecer las prioridades conjuntamente y disponer un orden. Eso es exactamente la agenda legislativa: una relación de temas que el Congreso se propone abordar. Sobre la base de esa agenda es que trabajarían las comisiones y, también sustentada en ella, se deben organizar las agendas específicas de cada sesión semanal del pleno que –como hemos sugerido– aprobaría la junta de portavoces y ya no el Consejo Directivo.
Apenas se inicien las sesiones, el presidente del nuevo Congreso debe solicitar al titular del Consejo de Ministros las sugerencias que tuviere en relación con la agenda, tal como señala el reglamento citado.
Pero, paralelamente, debe iniciar con los portavoces parlamentarios la discusión del proyecto de agenda. Para que esa concertación sea viable, cada grupo tiene que ir dispuesto no solo a conseguir sino también a ceder, entendiendo que únicamente cuando todos logren algo de lo que quieren habrá un acuerdo satisfactorio para el conjunto.
Con el objeto de tener las manos libres para manejar sus propios intereses, durante este gobierno el Congreso nunca aprobó su agenda legislativa anual, lo que es lamentable ya que ella es un instrumento irreemplazable de transparencia. Porque anuncia al país lo que su Congreso piensa debatir, de tal modo que personas o sectores interesados puedan hacer seguimiento de la discusión y participar en ella. A esto ayudará que las agendas semanales del pleno se publiquen 48 horas antes, estableciéndose que solo puedan ser variadas con acuerdo del 80% de los miembros del pleno.
Como apreciará el lector, la existencia de una agenda legislativa bien llevada le da curso ordenado a la marcha del Congreso, impide sorpresas y obliga a los distintos grupos a escoger sus preferencias y a negociarlas democráticamente, de modo que los temas más importantes de cada uno puedan llegar a ser discutidos.
Cualquiera sea el resultado final de cada proyecto ya es otro cantar. Porque colocar un tema en la agenda solo asegura su debate. La aprobación o rechazo depende de la decisión final determinada por la posición que apoyó, en cada caso, la mayoría de votos.
Publicado en El Comercio el 13 de Abril 2011.